VALLADOLID, 16 de noviembre.
El arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, ha expresado su inquietud ante la creciente desigualdad que atraviesa la sociedad española. En un contexto donde las clases medias disminuyen, el religioso enfatiza que los niños y jóvenes se encuentran en una situación de vulnerabilidad, sintiéndose "amenazados, desplazados y, quizás, debilitados en sus sueños y esperanzas".
Esta reflexión surge a raíz del último Informe FOESSA de Cáritas, que aborda la vida económica y social del país, y que ha servido de base para la carta pastoral en la que Argüello comparte sus preocupaciones sobre el futuro del bienestar social.
El arzobispo también hizo mención de aquellos que sufren a consecuencia de conflictos bélicos, persecuciones y la presión de sistemas económicos y políticas gubernamentales que afectan la vida de muchas personas en diversas partes del mundo.
Argüello considera que todas estas realidades constituyen una "fuerte llamada" a la acción, para involucrarse activamente en la construcción de un mundo mejor, aunque subraya que poco se puede lograr si no hay una fe verdadera en las enseñanzas del cristianismo, tal como se reza en el Padre Nuestro.
La misiva coincide con la celebración de la fiesta de Cristo Rey, que marca la culminación del año litúrgico y simboliza la apertura del tiempo a la eternidad que Jesucristo presenta a la humanidad, invitando a que su mensaje germina en los corazones y en la vida comunitaria.
Argüello recordó que hace un siglo, el Papa Pío XI instituyó esta festividad a través de la encíclica 'Quas primas' en un mundo recién salido de la Primera Guerra Mundial, donde la industrialización y la crisis modernista planteaban retos significativos para los católicos en términos de su rol en la sociedad.
Por otro lado, subrayó que ese mismo año también se conmemoraba un jubileo que celebraba la encarnación del Hijo de Dios y, además, se refería al aniversario del Concilio de Nicea, un acontecimiento importante que marcaba 1600 años.
El Papa fijó la celebración de esta festividad para el último domingo de octubre, justo antes de la festividad de Todos los Santos, sugiriendo que "el reinado de Jesucristo debe manifestarse en la historia a medida que se forja su camino".
Finalmente, Argüello profundizó en la dualidad que representan estas celebraciones, reflejando la tensión interna que existe en las personas: por un lado, la urgencia de actuar en la realidad histórica y, por otro, la comprensión de que el Reino de Jesucristo "aún no se manifiesta plenamente en este mundo, y que solo con su segunda venida se instaurará el Reino de verdad, justicia, paz, amor y vida eternamente".
Categoría:
Newsletter
Entérate de las últimas noticias cómodamente desde tu mail.