Itacyl impulsa estudio que presenta a viticultores cuatro nuevas variedades de uva resistentes a enfermedades.
VALLADOLID, 24 de enero. En un avance significativo para la viticultura de Castilla y León, la Junta ha colaborado, a través del Instituto Tecnológico Agrario (Itacyl), en la creación de cuatro nuevas variedades de uva híbridas conocidas como PIWI. Estas cepas han sido diseñadas específicamente para resistir dos de las enfermedades más devastadoras que enfrentan los viñedos: el mildiu y el oídio.
En una resolución reciente emitida por la Dirección General de Producción Agrícola y Ganadera, se ha oficializado la inclusión de estas innovadoras variedades—Soreli, Sauvignon Rytos, Cabernet Eidos y Merlot Khorus—en el Registro de Variedades Comerciales de la comunidad. Este desarrollo es el resultado de años de investigación llevada a cabo en la Finca Experimental de Zamadueñas, según un comunicado emitido por la Junta.
Las nuevas variedades han mostrado un rendimiento agronómico, sanitario y enológico que se adaptan perfectamente a las condiciones climáticas y del suelo de Castilla y León. Además, garantizan niveles de calidad en la producción de uva y vino que pueden competir con las variedades clásicas como el Tempranillo o el Verdejo, asegurando así la evolución de la viticultura en la región.
Los informes técnicos que respaldan esta autorización destacan que estas cepas permitirán a los viticultores reducir en más del 50% el uso de productos fitosanitarios, gracias a su resistencia inherente a las enfermedades mencionadas. Como resultado, se espera que la sostenibilidad del viñedo mejore notablemente, disminuyendo tanto los costos de producción como el impacto ambiental y las emisiones de carbono, además de facilitar una mejor adaptación a los retos del cambio climático.
Con estas novedades, se abre un horizonte prometedor para los viticultores de Castilla y León, quienes podrán incorporar estas opciones varietales innovadoras en sus explotaciones. La introducción de las variedades PIWI, un término alemán que significa resistencia a hongos, refleja un esfuerzo por reducir significativamente la dependencia de productos fitosanitarios, lo que conlleva tanto ventajas económicas como beneficios para el medio ambiente, cerrando así el ciclo con la responsabilidad que el sector vitivinícola debe asumir ante los desafíos actuales.
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