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"La hazaña de Empel: el Tercio Viejo de Zamora y la devoción a la Inmaculada Concepción"

En el marco de la Guerra de los Ochenta Años, un acontecimiento extraordinario tuvo lugar en el año 1585 que ha quedado grabado en la memoria colectiva de la historia española. La heroica resistencia del Tercio Viejo de Zamora, bajo el mando del maestre de campo Francisco Arias de Bobadilla, se convirtió en un símbolo de fe y coraje cuando, en un contexto crítico, se enfrentó a una situación casi desesperada en el monte de Empel.

En medio de las hostilidades que enfrentaban a las fuerzas españolas y la flota holandesa, el Tercio se vio cercado por el enemigo en la isla de Bommel, entre los ríos Mosa y Waal. Negándose a rendirse ante las propuestas de los holandeses, los soldados españoles manifestaron su preferencia por "la muerte a la deshonra", optando por luchar hasta el final. Ante esta determinación, los holandeses tomaron la drástica decisión de inundar el campamento español, forzando así a los 5.000 hombres de Bobadilla a buscar refugio en el área más alta de Empel.

En un giro de eventos que parecía sacado de un relato místico, el 7 de diciembre, víspera de la festividad de la Inmaculada Concepción, un soldado del Tercio halló una tablilla flamenca con la imagen de la Virgen María. Este hallazgo llevó a los soldados a construir un altar improvisado, donde elevaron sus plegarias, buscando un rayo de esperanza en medio de la adversidad.

La noche trajo consigo un inesperado fenómeno meteorológico: el frío intensificó su embrujo y congeló las aguas que rodeaban a los valientes españoles. Aprovechando esta condición inusual, los soldados pudieron avanzar sobre el hielo y lanzar un ataque sorpresa contra los holandeses, quienes, impresionados y desconcertados, se vieron obligados a replegarse. Se dice que entonces exclamaron: "Parece que Dios es español por obrar tan grande milagro".

A raíz de esta victoria, atribuida a la intervención divina, la Inmaculada Concepción emergió como la patrona de los tercios españoles, un reconocimiento que se oficializaría en 1892, cuando la reina regente María Cristina de Habsburgo la designó como patrona del Arma de Infantería, consolidando así su legado en la historia militar de España.

No se debe olvidar que el episodio de Empel también contó con la notable participación de Juan del Águila, un destacado maestre de campo abulense que, a lo largo de su carrera, contribuyó en múltiples batallas a través del Mediterráneo, el norte de África, y más allá, dejando una huella profunda en las páginas de la historia bélica europea.