Ermita de San Bartolomé de Valbuena.
- Dirección 24369 Valbuena de la Encomienda, León
- Localidad Valbuena de la Encomienda (León)
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ERMITA DE SAN BARTOLOMÉ DE VALBUENA. Pequeña ermita perteneciente a Valbuena de la Encomienda del Santo Hospital de Jerusalén, lo que señala a su origen como dominio de los Caballeros Hospitalarios afincados a pocos kilómetros, en el Monasterio del Cueto de San Bartolo. Su pequeña iglesia, construida por la orden militar, conserva aún el viejo sabor medieval. Sus gentes se dedicaban a la agricultura, y ganadería. A principios de este siglo, cayó un rayo en el campanario de la ermita y destruyó la cruz de granito, además de separar el campanario del templo más de 25 cm. 10 años más tarde se reconstruyó por dentro y por fuera. Esta es también la tierra del Dios Teleno, dios de las tormentas y rayos. Como curiosidad decir qué levantando las losas que estaban en el suelo se encontraron una docena de esqueletos humanos, uno de ellos media más de 2$002710 m. al que se apoda desde entonces, el gigante de Valbuena. Parece en este lugar, como si los Atlantes hubieran dejado su recuerdo a lo largo de los caminos que discurren desde Gades hasta el Finisterre, en la Cepeda quedan las pistas del ADN de los gigantes, los constructores de grandes dólmenes y estructuras megalíticas. La ermita está situada en un pequeño promontorio, entre dos arroyos en la zona de la Cepeda, antes de llegar al Puerto del Manzanal, por una antigua vía o cañada de caza y ganadera. Lugar mágico desde muy antiguo, fue lugar de astures, y en tiempos de roma, muy apreciado su oro. Frecuentado por numerosos pueblos, esta zona del occidente Hispano, era lugar donde las leyendas contaban que existía una puerta hacia el jardín de las Hespérides. Los diferentes pueblos y civilizaciones antiguas soñaron por estar cerca de estos reductos donde el oro, se decía, brotaba de sus árboles, como manzanas. Los templarios, sabedores de los antiguos secretos, custodiaron los caminos por donde los peregrinos marchaban buscando con ese rito de iniciación, lo que héroes como Heracles y Jasón ansiaron tener. Valbuena de la Encomienda, guarda con celo y en silencio, las numerosas cicatrices que los hombres le dejaron a lo largo del tiempo, para sacar de su vientre lo más preciado, el oro. Son múltiples las señales que los romanos dejaron en sus laderas y montes. En el pueblo y sus alrededores había 5 molinos industriales, que molían cereal para la mayor parte de La Cepeda. En la actualidad se pueden ver los restos de 3 de ellos, el molino de Ramón, el molino de Victoriano y el molino de Pedro, que es el único que tenía cernido del cereal (separaba la cáscara del cereal de la harina) para consumo humano. Son molinos minihidráulicos porque constan de una sola rueda horizontal o rodezno para mover el árbol motriz. Consta también de dos muelas para triturar el grano del cereal y convertirlo en harina. La rueda del molino batán, es la rueda de Lugh, el dios que con su carro celeste llegó a estos confines, desde la Iberia de Anatolia (Actual Turquia), el lugar de los Frígios, el pueblo que conocían los secretos de la ciencia y de la magia.