Ermita de San Justo
- Dirección 24114 Villablino, León
- Localidad Villablino (León)
Opiniones de clientes
Lo más importante es toda la historia que se esconde tras esta capilla.
San Justo del Villar. No está todo escrito sobre San Justo y este mágico lugar. Las leyendas y la tradición apuntan que fue un niño hispano con nacionalidad romana, que fue martirizado junto con su hermano en Complutum (Alcalá de Henares). Hijos de un soldado hispano-romano de nombre Vidal y con una tía llamada Marta, santa Marta, patrona de Astorga. Toda una leyenda y todo un ideario literario para adscribir el culto precristiano a una reliquia que en su tiempo estaba momificada y que, según la gente, tenía propiedades curativas y sanadoras. Muy venerada por los visigodos, a su llegada a tierras hispanas, la consideraron reliquia excepcional y la iglesia en esos días, adscribió su culto a dos infantes para cristianizarla. Curiosamente el área berciana de Compludo tiene esa misma advocación, quizás llevada por san Fructuoso, el noble godo garlingo, que, aconsejado por el obispo de Palencia, llevó el eremitismo a estos lugares apartándose del ruido. Y curiosamente este rinconcito alejado, entre Laciana y Bierzo, se haya este edificio, una reliquia pétrea, en los montes lacianiegos. Lugar de culto y oración, lugar sagrado desde muy antiguo, el poder de la naturaleza se hace presente en una vibrante sensación de bienestar. La reliquia viajera la de Los santos Justo y Pastor, casi suprahumana, venció a la llegada de los musulmanes escapando a Huesca y a Narbona, en Francia, para volver troceada, a Alcalá de Henares. La momificación era un ritual expresamente oriental, al que se le debía un respeto sagrado y místico. En la ceremonia, el cuerpo era sometido a los gritos de Osiris para mantener su mortalidad, Osiris lo protegía de los espíritus malignos. Esto es la esencia de la religión; y la espiritualidad. Esto asegura la conservación de su cuerpo material y poder así unirse con su "alma" en el Más Allá (la tierra de los muertos) y proseguir allí con su vida eternamente. Y para liar más el tema, San Justo Ermitaño, al parecer fue el hijo de un Rey Persa, el cual se instaló en esa zona, donde existía la Ermita de San Justo “en honor a Justo y Pastor, niños mártires asesinados y enterrados en Alcalá de Henares”. En torno a la figura de San Justo hay varias leyendas, entre las que se encuentra las tres veces que se quemó el pueblo del Villar, tantas como las ocasiones que se le quemó a San Justo los pequeños chozos que construía. Si bien, aunque el pueblo se quemaba, siempre había una casa que se salvaba del incendio, coincidiendo con la del amigo de este eremita, Gabriel Cortina, “tanto es así que el pueblo se le llegó a conocer como El Villar Quemado” matizó Álvarez. Otra leyenda cuenta que cuando San Justo murió las campanas de la iglesia tocaron fuertemente solas y que una vez muerto, sujetaba fuertemente en su mano un papel, que nadie era capaz de abrirle la mano hasta que llegó su amigo Gabriel Cortina, quien con suma facilidad pudo abrirle la mano y ver lo que ahí ponía, entre otras cosas afirmaba que era hijo del Rey de Persia y que deseaba ser enterrado dentro de la Ermita, en una tumba que él mismo había cavado. Solo el tiempo, justo y pastor de los designios del hombre, desvelará los secretos de la verdad, y que la pluma de algunos hombres quiere ocultar.