Castro del Pedroso
- Dirección 49517 Trabazos, Zamora
- Localidad Trabazos (Zamora)
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EL INCREIBLE CASTRO DEL PEDROSO. Este castro Neolítico es sin duda la mejor herencia de unos habitantes que vivieron en simbiosis completa con la naturaleza. Es, sin duda, uno de los castros de mayor relevancia de la Península en época calcolítica debido a la complejidad del sistema defensivo, a la estructura de sus áreas de habitación y a la disposición topográfica que presenta. En aquellos tiempos, en lo que hoy conocemos como Aliste y Tras-Os-Montes, había muchos castros en los que los indígenas se organizaban para defenderse de las invasiones. Estaban tan bien construidos que algunos llegaron hasta la época de las correrías de los bárbaros, fundamentalmente de los alanos, que, haciendo honor a su nombre, destruyeron los pocos que quedaban en pie desde la romanización. Son muchas las voces que aún se escuchan hablar de las leyendas del PEDROSO. Todas estas leyendas vienen desde tiempos inmemoriales, cuando nuestros antepasados, los zoelas, en las luchas que tuvieron por su independencia contra los romanos, vivían en los castros y estos eran lugares de defensa. Cuenta la leyenda que muchos de esos castros se comunicaban por túneles con el monte del Pedroso. El Pedroso es el monte más mítico de Aliste en el que existe un castro que es uno de los más extensos e inexplorados de los existentes en la comarca. Tiene una altitud de 765 metros y una extensión de unos 3 km². En la cima, llamada la Plaina, había una gran torre, con funciones religiosas en un principio, y la que se usó posteriormente como lugar de vigilancia desde la que se avistaba una gran extensión de terreno. Estaba circundado por una muralla que protegía a la población que residía en las viviendas que había en su interior, en un recinto de más de ciento cincuenta metros de longitud. El monte estaba perforado por cuevas y túneles que facilitaban el ocultamiento y el traslado de los habitantes del poblado. En esas cuevas y túneles realizaban ritos, ofrendas y sacrificios, y todavía en el Santuario se pueden ver pinturas esquemáticas y se han encontrado puntas de flecha y hachas de piedra pulimentada. Al castro se accedía por una puerta de embudo que hacía muy difícil que pudieran penetrar enemigos o gentes que no fueran bien recibidas por los de dentro. Un entorno fascinante, de una enorme trascendencia histórica, que se conserva en la memoria de unos pocos, atesorando el recuerdo de la historia de un país.