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Castilla y León 29 de Marzo de 2026 · 17:29h 3 min de lectura

Humor, orujo y tradición: las locuras del Entierro de Genarín en León durante la madrugada.

LEÓN, 29 de marzo.

La Semana Santa en León destaca no solo por su solemnidad, sino también por un evento singular que ofrece una mirada irreverente a las tradiciones religiosas: la Procesión o Entierro de Genarín. Este ritual, que tiene lugar durante la noche del Jueves Santo al Viernes Santo, se remonta a 1929 cuando Genaro Blanco perdió la vida tras ser atropellado por 'La Bonificia', el primer camión de la basura de la ciudad, mientras se encontraba en una situación poco digna al lado del tercer cubo de la muralla.

A pesar de no formar parte del programa oficial de la Semana Santa leonesa, este evento ha logrado mantener su esencia y atraer a miles de leoneses y turistas cada año. La tradición había sido prohibida en 1957, pero en los años setenta fue rescatada por un grupo de entusiastas que querían rendir homenaje a la figura de Genarín y sus "apóstoles" originales: Francisco Pérez, Eulogio 'el gafas', Nicolás Pérez y Luis Rico.

Hoy en día, la celebración es una explosión de alegría y sátira organizada por la Cofradía de Nuestro Padre Genarín. Sus integrantes se visten de manera festiva para llevar a cabo una procesión que serpentea por el corazón de León, manteniendo su carácter humorístico y alejándose de cualquier connotación religiosa, a través de representaciones ingeniosas de la Última Cena y la Pasión de Cristo.

Genaro, conocido como el 'santo borrachín', es recordado cada año al ser honrado por sus devotos, quienes lo acompañan con un estandarte y dos cubas de orujo a sus pies. Esta peculiar celebración reúne a un gran número de entusiastas que claman lemas como "Genarín valiente, queremos aguardiente" y "Genaro si te estrujo saco buen orujo", mientras avanza hacia su triste destino en la calle de los Cubos.

El recorrido comienza alrededor de la medianoche en la plaza del Grano y se adentra en el famoso Barrio Húmedo, finalizando en el lugar donde Genaro encontró su cruel fin. En este punto, un miembro de la Cofradía sube a la muralla para rendir un tributo, dejando una rosca de pan, queso, una botella de orujo y naranjas, mientras recita versos en honor a su "patrón", compuestos por un destacado poeta local.

Entre los versos se encuentran fragmentos que celebran su legado: "Y antes de ser declamadas para gloria de este mundo/ siguiéndote en tus costumbres, pues nunca ganasteis lujos/ Bebamos a tu memoria una copina de orujo/ Que fue lo que más chupaste antes de ser difunto". Así, la memoria de Genaro sigue viva, recordando la diversión y la camaradería en medio de la solemnidad de la Semana Santa.

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